Vení a freír churros

Mi hijo me dice que alguien que empieza a ir al gimnasio sale de su zona de confort. Tiene que superar la incomodiad de volver a su casa después del trabajo y sobreponerse a la tentación de tirarse a mirar una serie en netflix. Me dice que es importante hacer una cosa al día que te saque de tu zona de confort.

Yo le digo que lo que es importante una vez al día es hacer algo que te encanta, que te entusiasma tanto que no querés que termine y que saca lo mejor de vos mismo, que te hace sentir vivo. ¿Quién mierda inventó lo de la zona de confot?, le digo. Es solo un constructo social, pero que a esta altrua todo el mundo asume que es un hecho. Y mucha gente cree que no sale adelante porque no logra «incomodarse» lo suficiente, cuando en realidad lo que necesita es sentirse lo suficientemente cómoda para poder jugar.

Me doy cuenta que a partir de que dije «mierda» fui levantando el volumen y lo último lo dije a los gritos.

Me tengo que calmar, pienso. Me pongo a tipear sus ideas y le pido que me de un momento. Ahora le vuelvo a preguntar: ¿qué pasaría si eso que describís no es salir de tu zona de confort, sino ampliar la zona en donde te sentís confortable, ampliar los bordes de tu campo lúdico?

Me responde que tengo que parar de hablar de campo lúdico si quiero que los que leen mis mails me entiendan y me canta retruco: ¿vos conocés gente que hace las cosas solo con la idea de salir de su zona de confort? Me explica por qué el trabajo al que renunció era una zona de confort por lo del sueldo a fin de mes, los horarios fijos y todo eso. Me invita a que distinga entre zona de confort y lo que es confortable.

Sigue hablando dando detalles un rato largo y me doy cuenta que me distraje con mis propios pensamientos y dejé de prestarle atención. Engancho de nuevo cuando me dice que la zona de confort tiene que ver con conformarse y sentir que se controlan las variables de un amiente. Pero el verdadero confort no necesariamente está en esa zona, sino totalmente alejado de allí.

Yo noté que el verdadero confort está cuando alguien te permite simplemente existir a su lado y disfrutar del momento, me dice. Como cuando te hacían upa de chico y podías entregarte y dejarte llevar. Como cuando te abrazan tus viejos, o salís con tu pareja, o visitas a tus abuelos, o hacés un fogón con amigos. No tengo hijos ni nietos, no sé cómo será ahí, agrega.

Sigue hablando pero de nuevo me voy para adentro y me dejo llevar por lo hermoso que es mi hijo. Por lo hermoso que era hacerle upa de peque y por lo divino que es abrazarlo y casi no llegar a rodearlo con mis brazos porque va al gimnasio y logró su ojetivo de ponerse enorme. Y especialmente me distrajo con la parte de «no tengo hijos, no sé cómo será ahí».

Casi siento que se lo está imaginando. Ser papá… No ya, pero algún día…

Miro por la ventana. Me imagno abuela.

¿Quien dijo que envejecer no es reconfortante?


Después de la charla me fui a googlear cuál es el origen del concepto de zona de confort.

Se remonta a un experimento de psicología de 1908 donde descubrieron que un estado de comodidad da lugar a un rendimiento constante y concluyeron que el rendimiento aumenta cuando existe un cierto grado de incomodidad.

No puedo estar más de acuerdo. Pero creo que a esta altura podemos reformular un poco los conceptos: el juego permite tolerar un nivel positivo de estrés que nos impulsa a explorar lo desconocido, con multiplicidad de momentos para sentir que la vida nos hace upa y nos podemos entregar con inocencia a su maravillosa guía.

Esto mismo haremos en el taller de Me voy a freír churros de este sábado.


💌Por ser parte de mi comunidad:

– Usá el cupón MEINTRIGA para un 30% OFF

– El valor de tu entrada te sirve como parte de pago de la Formación de Design Playing

¡Y podés invitar alegremente a tus amigos, porque irse a freír churros juntos es mucho mejor!

Deja un comentario