
Por Lenore Skenazy de letgrow.org – 22 de mayo de 2025
Tiempo estimado de lectura: 5 minutos
La preocupación de que nuestros hijos morirán en cuanto salgan a la calle parece innata, pero ha sido cultivada.
¿Viste el nuevo anuncio de la app de rastreo Life360? Aparece una madre cantando una dulce canción estilo Disney a su hija, que parece estar en secundaria:
Tú eres mi mundo entero
Mi corazón, mi alegría, mi niña querida
¡Nunca sabrás cuánto te amo!
Cuando no estás solo pienso en ti…
Muriendo.
La chica reacciona como probablemente acabás de hacerlo: “¿¿¿QUÉ???”
¡Secuestros! ¡Astilladoras de madera! ¡Tráfico de órganos! ¡Viajes por carretera! La madre canta todas las formas en que su hija podría morir, cada una acompañada por dibujos animados con órganos, extremidades y cabezas… seccionadas. MUCHÍSIMAS cabezas seccionadas.
Y un ejemplo perfecto de cómo nuestra cultura está volviendo locos a los padres.
Enseñar a los padres a catastrofizar.
¿De verdad pensaste que tu hija podía sobrevivir caminando sola a la escuela? ¡Ponete al día, mamá! Entregate a tus peores fantasías, como esta señora. ¡Es divertido! ¡Es normal! ¡Acá tenés una lista práctica! A tu hijo podrían meterlo en un baúl o empujarlo dentro de un horno. Esto es lo que piensan naturalmente las “buenas madres”. ¡Y hasta lo cantan!
Y ya que estamos, queridos espectadores: no se molesten en aprender a SOBREVIVIR cuando están separados de sus hijos. ¡Eso es muy difícil! ¡Los amás demasiado! Si no podés ESTAR con ellos cada segundo (¡ay!), al menos asegurate de PODER VERLOS cada segundo. Porque si no…
Astilladoras.
El poder del miedo.
La mayoría de los mayores de 30 todavía recordamos cómo crecimos sin que nuestros padres supieran dónde estábamos cada segundo. Nos despedíamos con la mano y, de algún modo, no les daba un ataque de nervios. Confiaban en que podríamos ir a lugares, resolver pequeños problemas, incluso esperar en la parada del colectivo solos, si te lo podés imaginar. Esa confianza también les permitía relajarse.
Pero el miedo vende. Así que aunque hoy la tasa de criminalidad es MÁS BAJA que cuando éramos chicos (más baja para chicos Y adultos), los padres actuales crecieron alimentados por un flujo constante de fatalismo. Parte vino de La Ley y el Orden, parte de los noticieros locales obsesionados con el crimen. Y parte vino del tsunami de “productos de seguridad” que exageran peligros remotos para vendernos sus antídotos.
El resultado: padres tan sobrealimentados de miedo que no pueden dejar que sus hijos hagan casi nada solos. Un estudio de la Universidad de Michigan encontró que la mayoría de los padres de niños de 9 a 11 años no les permite jugar en el parque con un amigo ni salir a pedir dulces. Solo el 50% les permite alejarse en el supermercado para ir a otro pasillo. Los preadolescentes son los nuevos bebés.
Y así, los padres están atrapados mirando a sus hijos todo el tiempo. Y los chicos, atrapados siendo observados constantemente. Eso no solo es innecesario, está volviendo locos a ambos.
Pensamiento del peor escenario primero.
Un anuncio como el de Life360 normaliza lo que llamo “Pensamiento del Peor Escenario Primero”: imaginar el PEOR caso posible de entrada y actuar como si fuera probable. Y ESO es lo que normaliza la crianza tipo helicóptero.
La hija del anuncio, atónita por la diarrea disfuncional de su madre, propone una solución: “Está bien, mamá. A partir de ahora podés rastrear cada uno de mis movimientos. Voy a sacrificar mi creciente autonomía porque no podés lidiar con tu neurosis.” (No usa esas palabras exactas.)
Ver para calmarse: la gran mentira.
Pero lo cierto es que esa solución ni siquiera funciona. Cuanto más cedes ante la ansiedad, más poderosa se vuelve. Así que aunque muchos comentaristas en YouTube adoraron el anuncio —“¡Hilarante!” “¡Esa soy yo!” “¡Me siento identificada!”—, yo coincido con @kellilarson3372, quien escribió:
“Perdón, pero ¿soy la única que piensa que esto es una locura? Sí, la mayoría de los padres tiene miedos irracionales sobre lo que podría pasarle a sus hijos. Totalmente normal. Pero Life360 se está lucrando con esos miedos e insinuando que usar esta app y rastrear constantemente a tu hijo es la solución para calmarlos. Así no funciona el cuerpo, y así no se cura un espíritu temeroso.”
Esa comentarista tiene razón. De hecho, los psicólogos a quienes les mostré el anuncio dijeron que reforzar conductas obsesivas impide que la persona mejore.
Cómo preocuparse más.
“Dios mío —no sé ni por dónde empezar,” dijo Camilo Ortiz, profesor de Psicología en Long Island University y creador de la Terapia de Independencia, al ver el anuncio. “Va en contra de todo lo que sabemos sobre cómo manejar la ansiedad de forma saludable.”
La psicóloga Laura Kastner, profesora en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington y autora de Getting to Calm, coincidió. La forma saludable de enfrentar la ansiedad, explicó, es atravesarla. Si te sentás con la incomodidad, pierde fuerza. Esto se llama terapia de exposición: te enfrentás a lo que temés y, poco a poco, te das cuenta de que podés con eso.
La trampa circular.
Lo opuesto es “acomodar” el miedo o la ansiedad cediendo a ellos, dice Kastner. Por ejemplo, consultando una app para ver si a tu hijo le acaban de cortar la cabeza. (Y ni siquiera hay una notificación especial para decapitaciones, así que buena suerte con eso.)
Alentar a un padre a seguir comprobando que su hijo no está muerto es “una trampa”, dice Ortiz, “porque le impide aprender a tolerar la ansiedad.” ¿Y qué pasa con los hijos de padres ansiosos?
Digamos simplemente que la ansiedad es contagiosa.
Pero también lo es el coraje.
Ah, la ironía.
En diciembre pasado entrevisté al creador y CEO de Life360, Chris Hulls. Me contó que cuando era chico, aquí en Estados Unidos, fue a un evento donde conoció a un guerrero masái convertido al cristianismo. El guerrero lo invitó a ir a Kenia. Y Hulls fue —solo, durante el verano, con el permiso de sus padres.
Tenía 11 años.
“Estaba en mil acres en medio de la nada, completamente incomunicado. Los chicos nunca habían visto a un chico blanco antes. Me dieron una lanza para intentar matar cebras”, recordó Hulls. (No lo logró – mataron una por él.)
Ese verano, “Hablé con mis padres dos o tres veces. No hubieran podido encontrarme aunque quisieran.”
De dónde viene la confianza real.
Sonaba orgulloso de su independencia, su valentía —y de la confianza que sus padres depositaron en él. Supongo que sus padres también estaban bastante orgullosos.
En cuanto a la app que luego creó, y que ahora tiene 83 millones de usuarios y está valuada en 3.500 millones de dólares, Hulls dijo: “Tratamos de no fomentar el miedo.”
Quizás ya es hora de que lo intenten un poco más.
